Aún no hay ningún estudio serio al respecto, pero de haber habido automóviles en la época es más que probable que Beatriz hubiera ido por la otra acera –pues es algo más ancha y cuenta con la protección de los coches aparcados–, haciendo quizás inviable su encuentro con Dante.
La calle ensordecedora vocifera a mi alrededor. Alta, delgada, de luto riguroso, majestuoso dolor, una mujer pasó, alzando, balanceando, con elegante mano el dobladillo y el festón;
ágil y noble, con sus piernas de estatua. Yo bebía, crispado cual desequilibrado, en sus ojos, cielo lívido donde germina el huracán, la dulzura que fascina y el placer que mata.
¡Un relámpago... de nuevo la noche! –Fugitiva belleza cuya mirada de repente me hizo renacer, ¿ya no te veré más que en la eternidad?
¡En otra parte, muy lejos de aquí!, ¡demasiado tarde!, ¡acaso nunca! pues ignoro adónde huyes, no sabes adónde voy, ¡oh tú a quien yo hubiese amado, oh tú que lo sabías!
«A una que pasa» Charles Baudelaire, Las flores del mal Traducción de Carmen Morales y Claude Dubois
* * *
Pobre muchacha hermosa que deprisa hacia mí vienes al cruzar la calle y pasas por mi lado, sin saber que yo soy la razón de tu existencia.
Ni siquiera me ves. Y te sonrío.
Admiro tu cabello, culo y piernas. Estás buena. Te haría muy dichosa. Pero tú te lo pierdes con tu prisa. Pobre muchacha hermosa apresurada.
«Times Square. III» José María Fonollosa, Ciudad del hombre: New York
«Me tumbé en el suelo sólo para oír crecer la hierba y hasta mí vinieron todos los sonidos de la tierra. Escuché a los insectos en sus mil rituales y las plegarias que cayeron del cielo, quién sabe si haciendo espirales... La noche que la luna salió tarde.
Me tumbé en el suelo sólo para oír crecer la hierba esperando un sueño que como un enjambre me envolviera y que me hiciera oír las rimas de antiguos romances pero sólo oí llorar a los que fueron amantes un sólo instante...
La noche que la luna salió tarde la noche que la luna salió tarde.
Me tumbé en el suelo sólo para oír crecer la hierba y escuché más cosas, muchas más de las que yo quisiera: el sonido de tus lágrimas al derramarse, el eco de tus pasos al alejarte y el tiempo pararse...
La noche que la luna salió tarde la noche que la luna salió tarde.»
«Y en el amor ella incluía también todo lo que venía antes y después del amor, todo lo que lo escoltaba, lo que quedaba a su paso, lo que flotaba como una nube a su alrededor, lo que el amor había desalojado y lo que había desalojado al amor: todo.»